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  1. Recuerdo que hace varios años Bill Gates y Alvin Toffler le imprimían una mirada optimista, e incluso idealista, al uso democrático y edificante de la red.


    Internet era un chiquillo hiperactivo jugando con sus juguetes nuevos, y creo que la mayoría le había puesto mucha esperanza a la madurez futura, pero incierta del niño.


    Con el avance cada vez más acelerado de las tecnologías de la información, las redes sociales también se desarrollaron y crearon sus propios códigos y dinámicas.


    Es una suerte de concepción marxistoide de la internet, donde el desarrollo del entorno material define las relaciones sociales en red.

    Así, el desarrollo de los smartphones potenció al máximo a Facebook; mientras que los IPhones y Android del mundo fertilizaron un florido ecosistema de aplicaciones que hoy lideran el mercado y moldean la economía.


    En mucho Gates y Toffler tuvieron razón. Sin embargo, este intercambio nosupuso el ansiado ágora del debate o la crítica iluminada entre contrarios.


    Nunca se terminó de cuajar la interacción constructiva de la política con la población; más bien asistimos al espectáculo de la diatriba y los discursos de odio en la web.


    Los medios sociales han terminado siendo el espacio preferido para la difusiónde una preocupante retórica racista y burlona de quien piensa diferente.

  2. Creo que es bueno que nos podamos cuestionar si realmente existen opiniones igualmente importantes, en relación a una idea, un producto o un servicio; ya no digo frente a una política de Estado como la aprobación de una ley.

  3. Hace un par de años comentaba Umberto Eco en una entrevista para LaStampa de Italia: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso devino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de losimbéciles".

  4. Hay que anotar que ahora los “imbéciles” de Eco parecen opinar sobre cualquier tema, deliberadamente y muchas veces en coordinación. No parece existir voluntad de entender la otredad; sino reafirmar una posición específica.

  5. En una entrevista que le hice al profesor Juan Cuesta hace unas semanas comentaba: “Las redes sociales son comunidades virtuales con escasa porosidad, bastante cerradas y de autoconfirmación de nuestras propias convicciones. Es difícil ver en redes debates abiertos entre iguales. Si alguien entra con posiciones contrarias a las que identifican al grupo es para trolear y provocar reacciones airadas o indignación; no con ánimo de proponer otros enfoques diferentes”.


  6. Siendo este el contexto comunicacional, queda claro que ahora es más sencillo que una opinión poco sustentable, basada en la diatriba o en el odio, pueda liderar corrientes; y que por otro lado este comportamiento tienda a generar comunidades de "troles".

  7. Sin embargo, cuando estás comunidades están alimentadas pornoticias falsas, y lo que es peor, esfuerzos organizados para esparcir rumoresa escala global; estos grupos se tornan más peligrosos.

  8. Hoy por hoy, el gran transformador de opinión sigue siendola televisión. Aun cuando la penetración de internet y los medios sociales es constante, éstos representan una porción muy pequeña en relación a la escala monumental que ejerce la televisión y sus contenidos.

  9. Sin embargo, no es menos cierto que el aumento de la penetración de internet y los medios sociales, hacen más importante su papel como formadores de opinión de las grandes tendencias políticas, por ejemplo: la elección de Donald Trump o el Brexit en Reino Unido.

  10. Lo importante, y parece redundante, es que la prensa desarrolle un papel más responsable de la tarea de investigar, cotejar y generar contenido que sea confiable y de calidad. Si hay alguna labor de responsabilidad social que le toque a los medios de comunicación, tendría que ser la de hacer su trabajo con seriedad.

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