Cyberbullying

El cyberbullying es el uso de medios telemáticos para ejercer acoso psicológico entre iguales.

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  1. Tiempo para Pensar:¿Cómo te afecta el cyberbullying o acoso cibernético?
  2. Ciberbullying: ciberacoso en redes sociales, videogames, smartphones... y su prevención
  3. ¿Qué tiene que ver el cyberbullying con el bullying o el acoso escolar? En ambos se da un abuso entre iguales en la mayoría de los casos; sin embargo, el cyberbyullying se manifiesta de formas muy diversas y sus estrategias de abordo y consecuencias son también diferentes. Es muy probable que el bullying sea seguido de cyberbullying. También es posible que el cyberbullying pueda acabar con una situación de bullying, pero es menos probable.
  4. La toma de conciencia sobre la especificidad del problema también es mundial: el 77% de los encuestados en este sondeo internacional consideran el Cyberbullying como un tipo de hostigamiento diferente de otros, requiere una atención y esfuerzos especiales por parte de padres y escuelas. En este sentido, es muy gráfica la definición que aporta la especialista  norteamericana Parry Aftab en su guía sobre Cyberbullying: “Después de dedicar años a proteger a los menores de los adultos en Internet, nunca pensé que dedicaría tanto tiempo a protegerles de ellos mismos”.

    Los estudios más recientes confirman que  los más vulnerables son los niños de entre 12 y 17 años edad, de nivel socioeconómico medio-alto y que cuentan con dispositivos móviles y acceso abierto a redes sociales y correo electrónico.

    Si se tiene en cuenta que, según los especialistas en salud mental, el abuso sexual y el acoso escolar son las agresiones más severas para los niños, está claro que resulta de vital importancia que los padres presten especial atención a posibles síntomas que puedan estar revelando que sus hijos sufren algún tipo de acoso o si ellos acosan a algún otro.

    La conducta típica del acosador suele responder a las siguientes características: es intencional, persistente y agresiva. Se señala como elemento característico lo que se llama “la intención de daño”, es decir, la evidencia de que existe un definido propósito de perjudicar a la víctima, que puede terminar sufriendo un deterioro en su autoestima, y padeciendo efectos en su personalidad, como una mayor tendencia a la introversión, angustia, depresión, pérdida de interés en el aprendizaje, fracaso social, miedos de diversa naturaleza, cefaleas, nauseas, vómitos, adicciones, episodios psicóticos y pensamientos o intentos de suicidio, en los casos más dramáticos.

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